Sobre la Caridad
"... Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón..."
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo
Esta es la norma, la ley de todo ser humano para ser feliz, porque es lo que es: un ser humano, no una alimaña.
Es la Antigua Ley, la Antigua Alianza
Esto es Solidaridad, Filantropía.
Ama al prójimo con la medida del amor que tu te tienes a ti mismo -que no es poco.
La NUEVA LEY, la NUEVA ALIANZA
Ms all est LA CARIDAD: amar como Dios ama, a fondo perdido y tan perdido que pierde hasta su vida:
- AMA AL PRóJIMO CON LA MEDIDA SIN MEDIDA:
- De hacer de tus ENEMIGOS, AMIGOS
- Y por ELLOS quedarte sin nada, dndoles hasta TU VIDA.
- LA CARIDAD ES EL AMOR SIN MEDIDA
ASí TE AMA DIOS
Domingo 31
El domingo pasado se nos hablaba de las fuerzas o virtudes teo?logales, que recibimos como don o regalo, pero en germen en el sacramento del Bautismo. Las tenemos que desarrollar y hacer crecer durante toda nues?tra vida. Estas fuerzas o virtudes son los medios privilegiados para escuchar a Dios y hablar con Dios y conseguir así, realizar y dar cumplimiento a nuestras tres opciones fundamentales en la vida. Y recordar, que la primera opción fundamental para llegar a Dios, al triunfo, a la felicidad es el matrimonio.
Las tres virtudes teologales, pues, son la fe, la caridad y la espe?ranza. Las hemos aprendido, diciendo: fe, esperanza y caridad. Pero el orden lógico es el que os he dicho anteriormente, que co?rresponde a la enseñanza que se nos est haciendo estos tres domingos: el 30, el 31 y el 32.
El domingo pasado se presentaba a Jess un pobre ciego, que ciego y pobre salió al camino. Y le buscó y le preguntó y le pidió a gritos: "¡Que vea, Señor, que vea!". Y vio por fuera y vio por dentro, y siguió a Jess, camino adelante, camino de la Pascua. Se encontraban en Jericó, a 20 km. cuesta arriba hacia Jerusaln, que se encontraba a mil metros de altura. Bartimeo se llamaba y caminaba junto a Jess con un nuevo modo de ver y una nueva manera de vivir. To?do había cambiado en su vida. Su Fe, su confianza en Jess le cambió por completo.
Hoy vemos a Jess, que ya ha llegado a Jerusaln y un escriba, po?bre en ideas, desorientado en su vida ante los 600 y ms precep?tos de la ley judía, le sale al encuentro, como le salió Bartimeo, le busca, hacia l se dirige, se le acerca para interrogarle, hacin?dole una pregunta fundamental.
¿A quin busco yo en mi vida? Esto es lo importante para ti y pa?ra mí en este relato, que me interpela. ¿Hacia quin me dirijo, a quin me acerco, a quin pregunto y qu pregunto?
El Evangelio es un detector de actitudes. El evangelio escudriña tu vida. Est lleno de detalles significativos, como ste que aca?bamos de escuchar: un escriba que se acerca a Jess y lleno de in?ters e inquietud le pregunta: "¿Qu mandamiento es el primero de todos?"
¿Cules son mis apetencias? ¿En qu mundo de intereses me desen?vuelvo? ¿Cules son mis inquietudes? Un buen programa para bu?cear dentro de nosotros mismos esta semana. Una imagen y un episodio fciles de recordar: el escriba que se acerca y pregunta a Jess. ste debe ser mi trabajo, algo difícil y comprometido al realizarlo, pues debo examinar mi mundo, mis intereses, mis preocupaciones, mis relaciones, mis preguntas, quizs de curiosi?dades malsanas, de murmuraciones o calumnias o de chismes, por la superficialidad de mi vida.
¿Qu le pregunta? ¡Qu mandamiento es el primero de todos! Bsqueda, pues, de las cosas de Dios, bsqueda de lo esencial" de lo primero. ¿Qu inters tengo yo por las cosas de Dios, si es que tengo algn inters? ¿Busco primero lo esencial, o me entre?tengo en bagatelas, fruslerías, en superficialidades y en chis?mes?,
¿Qu libros leo, si leo alguno? ¿Qu revistas ojeo? ¿Estn en la línea de los valores divinos o en la línea de las pasiones humanas: noveluchas, revistas de cotilleos, pero nada serio?
El escriba del evangelio de hoy se interesaba por la bsqueda de lo divino, porque, a pesar de ser escriba, conocedor y especialista de la LEY, no cree saber todas las cosas de Dios, se siente pobre de espíritu y alarga su mano con un interrogante, con una pregun?ta.
La respuesta de Jess: ¿El primer mandamiento, me preguntas? Hele aquí:"Amar al Señor tu, Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser". La acumulación de trminos: corazón, alma, mente, ser, quieren significar una pleni?tud de amor, que compromete todas nuestras facultades para amar.
Es necesario, pues, que el amor nos queme de la cabeza a los pies, de la mente al cuerpo, de la mañana a la tarde, y de la tarde a la mañana, de la infancia a la vejez. ¿Amo yo así a Dios, con la tota?lidad de mi vida, con la totalidad de mi ser? Cuntas preguntas me hace Dios en este relato del Evangelio que hoy hemos procla?mado. De mis respuestas sinceras y valientes, depende mi pro?greso como cristiano, para no quedarme atrapado por simples costumbres, que son una mortaja en mi vida.
El segundo es: Amars a tu prójimo como a ti mismo. T eres la medida del amor a tu prójimo. No tienes que buscarla lejos de ti, que en ti est: como t te amas a ti mismo, que buena medida es. Ni una espiritualidad, pues, de huida del mundo para refugiarse egoisticamente sólo en Dios, ni querer remplazar el primer man?damiento: Amor a Dios, por sólo una sociología barata de amor filantrópico, al simple hombre.
No es suficiente amar al prójimo. Es necesario en primer lugar amar, reverenciar, alabar y darle gracias a Dios.
Ahora cumplamos lo primero en nuestra Eucaristía: amar a Dios, darle gracias, alabarle y glorificarle para que no sea hueco, vano, superficial y sin consistencia el amor a nuestros 'hermanos.
En la conjugación de esos dos amores est el verdadero amor. Amar, primer mandamiento. Y amar, segundo mandamiento. El de?nominador comn es: amar.
La respuesta de Jess no tiene originalidad, pues El repite y re?cuerda lo que ya estaba en la Ley judía, en el libro del Deuteronomio y lo encontramos en todas las religiones, que ninguna man?da odiar y matar al prójimo.
La originalidad de Jess est en la aproximación que hace de esos dos mandamientos, que, en el pensamiento de Jess, se apoyan el uno en el otro, tienen la misma importancia de mandamiento mayor.
Le preguntaron por el mayor o el primer mandamiento y Jess dio
dos respuestas en una. Porque no se puede practicar el primero sin en el segundo, ni el segundo sin el primero. Por eso nos dir San Juan en una de sus cartas: "quien dice amar a Dios, a quien no ve, y no ama a su hermano, a quien ve, es un mentiros". Amar a Dios sin amar al prójimo es una mentira.
Pero, atención, dar tan solo trabajo, comida, medicamentos, vi?vienda, diversiones al prójimo, hacerle en fin, un paraíso en este mundo, sin Dios, es esclavizarle a la larga y a la corta; es dejar sin sentido su vida, por eso las gentes huyen de esos paraísos comunistas o capitalistas: les falta Dios, que da peso, contenido y sentido al misterio de la vida del hombre. Y si no, preguntarles a las gentes en los velatorios o en las puertas de los cementerios, cuando han dejado allí y para siempre a un ser muy, muy querido, aun no siendo creyentes, os dirn como Adolfo Bcquer, incrdulo, pero dudando y creyendo ante la realidad de la muerte:
¿"Vuelve el polvo al polvo? -¿Vuela el alma al Cielo? -¿Todo es vil materia, podredumbre y cieno? -No s, pero hay algo que expli?car no puedo, -que a la par produce inquietud y miedo, -al dejar tan solos, tan tristes, los muertos.
Que en esta Eucaristía le digamos a Dios todo lo que le queremos porque mucho queremos a nuestros prójimos.
AMEN
Autor: Eduardo Martinez
0 Comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home