El nuevo paradigma de la Catequesis (Tercera parte)
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| La necesaria reformulación del mensaje | |
Nos encontramos aquí con una de las tareas más apasionantes y delicadas de la nueva perspectiva catequética: la necesaria revisión de los contenidos, del mensaje de salvación que la catequesis debe comunicar y actuar. Es un aspecto importante del cometido, considerado hoy como imprescindible y vital, de la «inculturacion» de la fe y de la no menos necesaria revisión de las «representaciones religiosas», procesos que entran de lleno en la problemática moderna de la búsqueda del nuevo paradigma catequético.
Algunas exigencias y desplazamientos típicos de este necesario repensamiento pueden ser expresados de esta manera:
| Un mensaje centrado en el anuncio de la palabra de Dios y en la en la comunicación de experiencias de fe. | En el centro de la comunicación catequética deben volver a estar la palabra de Dios y las experiencias de fe. Más que tender a la «transmisión de la doctrina» cristiana, la catequesis debe ser ante todo «anuncio y escucha de la palabra» («audire verbum» es la expresión clásica para indicar la catequesis en el catecumenado antiguo) y «comunicación de experiencias de fe». La palabra de Dios, percibida en la experiencia cristiana de fe, constituye el contenido propiamente dicho de la catequesis («sin experiencia religiosa no hay comunicación religiosa» ni «anuncio y escucha de la palabra de Dios»). Esto no echa en olvido el contenido doctrinal, pero lo relativiza y lo integra en un contexto más amplio y vital. |
| El mensaje de una verdad «dada y prometida» | Debemos pasar, por decirlo con una formula típica de los catequetas holandeses, de la catequesis de la verdad «dada», a la catequesis de la verdad «dada y prometida». Con esta expresión se subraya el peso de una catequesis de la verdad ya poseída (verdad «dada»: catequesis solamente de certezas) a una catequesis en cierto sentido inacabada, abierta a la búsqueda, a la oscuridad de la duda, a la paciencia de la espera, sin olvidar los elementos seguros y definitivos de la fe cristiana. Se presta atención así a la dimensión escatológica (dialéctica del «ya» y del «todavía no») de la revelación cristiana. |
| Un mensaje encarnado e inculturado | De la transmisión de un contenido entendido como «deposito cristalizado» hay que pasar a la comunicación de un mensaje encarnado a inculturado en la historia. En lugar de un contenido pensado como algo inmutable, a-histórico, impermeable a los vaivenes del tiempo, se destaca la importancia de la dimensión histórica de la revelación y de los esfuerzos de encarnación o «inculturación de la fe» en los distintos entornos culturales de los pueblos. Esta exigencia es de gran envergadura. Supone todo un proceso de repensamiento de la fe y de abandono de muchas representaciones religiosas, para presentar un mensaje cristiano que sea efectivamente, para nuestros contemporáneos, una autentica «buena noticia», expresada en sintonía con los valores y sensibilidad de la cultura de hoy. Habrá que hacer de manera, como diría Juan Martín Velasco, que la fe y la Iglesia sean de verdad «una casa intelectualmente habitable». |
| Un mensaje «significativo» | Más que una catequesis de la «verdad», necesitamos una catequesis de la «significación». A la obsesión por la doctrina teológicamente correcta, debe suceder la preocupación por asegurar el carácter «significante», vital, existencial, «interesante», del mensaje transmitido. No es que decaiga el interés por la verdad revelada, pero se considera más importante que se perciba en el mensaje transmitido su carácter prevaleciente de «Evangelio», de buena noticia que da sentido a la vida y responde a sus demandas. Ya un texto famoso de una carta mandada en nombre del papa a Paris, en 1964, decía que la palabra de Dios debe resonar para cada uno como una apertura a sus problemas, una respuesta a sus preguntas, la dilatación de los propios valores y al mismo tiempo la satisfacción de sus aspiraciones más profundas: en una palabra, «como el sentido de su existencia y el significado de su vida». Estas palabras, dichas hace más de 40 años, constituyen todo un programa de revisión catequética y un desafío que la catequesis actual esta muy lejos de haber tomado en serio. |
| Un mensaje remozado por la vuelta a las fuentes | A la tradicional y legítima preocupación por la ortodoxia del contenido debe suceder el deseo de fidelidad a las fuentes genuinas de la catequesis: la palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición. En el proceso catequético se contempla la «entrega» (traditio) de los documentos de la fe (DGC 85 y 88) y se debe recuperar la credibilidad del testimonio. En esta perspectiva queda relativizado claramente el papel de los catecismos. Estos pueden seguir siendo instrumentos útiles en la actuación do In catequesis, siempre que se presenten con las cualidades de contenido y de lenguaje adecuados en el mundo de hoy. Pero no pueden ser considerados, como en el pasado, fuente primaria de la catequesis o el principal instrumento de su ejercicio. |
Nuevos acentos en la pedagogía de la catequesis
En el capitulo de las opciones pedagógicas y metodológicas el campo se nos presenta muy rico y siempre susceptible de una gran variedad de posibilidades. Podemos solamente sugerir algunas líneas de tendencia entre las que parecen más actuales y significativas.
Autor:Emilio Alberich Sotomayor
Fuente: Boletín ISCA
El texto completo de esta serie de artículos puede consultarse aquí

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