Páginas escogidas del padre Alberto Hurtado, S.J.
Mientras la joven mañana europea comience, de esta parte del mundo, aun de madrugada, el pueblo chileno celebrará la cononización de uno de los suyos (hijo predilecto) y aquí, en Argentina, nos prepararemos para una jornada de elecciones generales...
Me pareció oportuno, entonces, tomar un párrafo del los escritos del padre Hurtado, a quien, confieso, conocía bastante poco antes de mi reciente viaje a Santiago de Chile, pero del que realmente me he quedado admirado...
Compartir entonces, decía este fragmento de una reflexión personal suya de Noviembre de 1947 en donde se pregunta ¿A quién amar?
Sirva pues de reflexión para orientar nuestra elección (aquí, en Argentina) o para guiar nuestro accionar (en cualquier parte del mundo)
Fuente: Un fuego que enciende otros fuegos -
Páginas escogidas del Padre Alberto Hurtado
Centro de Estudios y Documentación "Padre Hurtado" de la Pontificia Universidad Católica de Chile
¿A quién Amar? pp. 30,31
Me pareció oportuno, entonces, tomar un párrafo del los escritos del padre Hurtado, a quien, confieso, conocía bastante poco antes de mi reciente viaje a Santiago de Chile, pero del que realmente me he quedado admirado...
Compartir entonces, decía este fragmento de una reflexión personal suya de Noviembre de 1947 en donde se pregunta ¿A quién amar?
Sirva pues de reflexión para orientar nuestra elección (aquí, en Argentina) o para guiar nuestro accionar (en cualquier parte del mundo)
[...] Urgido por la justicia y animado por el amor
Atacar, no tanto los efectos, cuanto sus causas. ¿Qué sacamos con gemir y lamentarnos? Luchar contra el mal cuerpo a cuerpo. Meditar y volver a meditar el evangelio dél camino de Jericó (cf. Lc 10,30-32). El agonizante del evangelio es el desgraciado que encuentro cada día, pero es también el proletariado oprimido, el rico materializado, el hombre sin grandeza, el poderoso sin horizonte, toda la humanidad de nuestro tiempo, en todos sus sectores.
Tomar en primer lugar la miseria del pueblo. Es la menos merecida, la más tenaz, la que más oprime, la más fatal. Yel pueblo no tiene a nadie para que lo preserve, para que lo saque de su estado. Algunos se compadecen de él, otros lamentan sus males, pero, ¿quién se consagra en cuerpo y alma a atacar las causas profundas de sus males? De aquí la ineficacia de la filantropía, de la mera asistencia, que es un parche a la herida, pero no el remedio profundo. La miseria del pueblo es de cuerpo y alma a la vez.
Lo primero, amarlos: Amar el bien que se encuentra en ellos, su simplicidad, su rudeza, su audacia, su fuerza, su franqueza, sus cualidades de luchador, sus cualidades humanas, su alegría, la misión que realizan ante sus familias... Amarlos hasta no poder soportar sus desgracias... Prevenir las causas de sUs desastres, alejar de sus hogares el alcoholismo, las enfermedades sociales, la tuberculosis. Mi misión no puede ser solamente consolarlos con hermosas palabras y dejarlos en su miseria, mientras yo almuerzo tranquilamente, y mientras nada me falta. Su dolor debe hacerme mal: la falta de higiene de sus casas, su alimentación deficiente, la falta de educación de sus hijos, la tragedia de sus hijas: que todo lo que los disminuye, que me desgarre a mí también.
Amarlos para hacerlos vivir, para que la vida humana se desarrolle en ellos, para que se abra su inteligencia y no queden retrasados. Que los errores anclados en su corazón me pinchen continuamente. Que las mentiras o las ilusiones con que los embriagan, me atormenten; que los periódicos materialistas con que los ilustran, me irriten; que sus prejuicios me estimulen a mostrarles la verdad.
Y esto no es más que la traducción de la palabra "amor". [...]
Fuente: Un fuego que enciende otros fuegos -
Páginas escogidas del Padre Alberto Hurtado
Centro de Estudios y Documentación "Padre Hurtado" de la Pontificia Universidad Católica de Chile
¿A quién Amar? pp. 30,31

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