Reflexión
La fe en Cristo nos mueve a sentirnos solidarios de los demás hombres en sus problemas y carencias, en su ignorancia y falta de recursos económicos.
Esta solidaridad no es "un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas", sino "la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsable de todos"
(JUAN PABLOII, Sollicitudo rei socialis).
De cada uno de nosotros se debería poder decir al final de la vida que, como Jesucristo, pasó haciendo el bien.
Pidámosle a la Santísima Virgen que nos ayude a ver a todos los hombres como a nuestros hermanos, pues somos hijos del mismo Padre.
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